Carmen Amaya - ¡Y olé!

 

Illustration of Carmen Amaya for the collective @365mujeresilustradas

365 Mujeres Ilustradas is a collective that gathers illustrators from different nationalities to honor women who inspire us. One illustration per day, 365 days a year.

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Ilustración de Carmen Amaya en para el colectivo @365mujeresilustradas

365 Mujeres Ilustradas es un colectivo que reune a Ilustradoras de diferentes nacionalidades para homenajear a mujeres que nos inspiran. Una ilustración por día, los 365 días del año.

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El 2 de noviembre de 1918 nacía Carmen Amaya (305/365). Fue una mujer gitana, bailaora y cantaora de flamenco española. Desde pequeña formo parte de una de las familias gitanas más vinculadas al flamenco. Es uno de los iconos del baile flamenco. Desde pequeña se conoce con el sobrenombre de La Capitana, cuando se inició en el flamenco acompañando a su padre, debutando con sólo seis años. Bailó desde muy joven con figuras ya muy populares y reconocidas. La Guerra Civil Española la obliga trasladarse al extranjero. Así llega a Buenos Aires presentándose en el Teatro Maravillas con un enorme éxito. Desde 1942 en Hollywood, se convierte en una de las atracciones más grandes. Intervino en un gran número de películas y grabó para diferentes compañías discográficas. Cuando en 1947 decidió regresar a España ya era una estrella internacional. Carmen revolucionó el baile que se hacía en ese momento. Fue el comienzo de una nueva escuela, una manera diferente de bailar para la mujer en una época donde el feminismo aun ni existía. Revolucionó la forma de baile generalizada hasta la fecha, en la que la mujer se lucía básicamente con marcajes, desplazamientos, quiebros y braceos y el zapateado quedaba relegado al uso de técnicas muy simples (tanto rítmicas como de ejecución) y apenas se usaba como adorno y en los finales. Carmen rompió estos esquemas ofreciendo un baile propio, en el que los gestos y marcajes no obedecían a figuras estéticas sino a las emociones que experimentaba la bailaora, la fuerza y libertad que primaban en cualidades reservadas hasta el momento para el hombre así como el carácter propio del palo que interpretaba. Una de las formas de expresión de ese genio fue (y es) sin duda, la fuerza expresiva y rítmica de su zapateado. Sus bailes incorporaban una o dos letras pero el gran protagonismo lo tenían las escobillas en las que derrochaba toda su gran riqueza rítmica y el indudable virtuosismo de su zapateado, tanto por las técnicas como por la velocidad. Además el baile a veces era interpretado con pantalón, en lugar de vestido. Su forma de bailar llevaba un sello absolutamente personal de reconocimiento y lucha. Ilustración: Valeria Diaz - Colombia.

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